
Vienen amigos a casa a festejar mi onomástico número 33. Pasé buena parte de la tarde comprando cosas, preocupado por la lluvia y el frío, repasando todo para que nada falte y demás. Al final, cuando uno celebra, también se termina poniendo algo nervioso. Cosa rara la de los cumpleaños.
Cuando era chico esto no pasaba.
PD: qué mal juega la Argentina de ese señor feo llamado Basile.
