El periodismo, sobretodo el musical y el de espectáculos, tiende a ser snob. Gusta de serlo y presume de su condición, a veces hasta niveles de hartazgo.
Recién bajo del auto. Venía escuchando cierto programa que hace poco arrancó en R&P. Quienes lo hacen han generado en el periodismo de rock/ o vinculado al mismo de alguna manera, una devoción que es raramente comprensible.
Lo mismo ocurre con Estelares, banda platense contra la que nada tengo, pero que goza abiertamente de los elogios de cierto periodismo musical que se pretende avant garde y ocupa páginas enteras, despilfarrando loas y alabanzas sobre el último disco de estos muchachos como si se tratara de la obra cúlmine del rock vernáculo. Suele caer en este tipo de torpezas el periodista de rock. Habla maravillas de una banda under y, verán que ocurrirá con Estelares, le soltará la mano cuando abracen la masividad, si es que ocurre. Ya pasó con otros; pasa hoy y seguirá pasando.
Es lo malo de cierto periodismo musical. Luchan a brazo partido por convencernos de que sus adulados son la reinvención del rock o del pop, aún a sabiendas de que no lo son. De que tal o cual artista es el nuevo becerro de oro al cual hemos de idolatrar.
La verdad, no entiendo por qué cierta parte del periodismo musical disfruta de ser snob.
Así que no insistan conmigo. Estelares no me gusta. Y el programa de Capusotto me parece una mierda.
Recién bajo del auto. Venía escuchando cierto programa que hace poco arrancó en R&P. Quienes lo hacen han generado en el periodismo de rock/ o vinculado al mismo de alguna manera, una devoción que es raramente comprensible.
Lo mismo ocurre con Estelares, banda platense contra la que nada tengo, pero que goza abiertamente de los elogios de cierto periodismo musical que se pretende avant garde y ocupa páginas enteras, despilfarrando loas y alabanzas sobre el último disco de estos muchachos como si se tratara de la obra cúlmine del rock vernáculo. Suele caer en este tipo de torpezas el periodista de rock. Habla maravillas de una banda under y, verán que ocurrirá con Estelares, le soltará la mano cuando abracen la masividad, si es que ocurre. Ya pasó con otros; pasa hoy y seguirá pasando.
Es lo malo de cierto periodismo musical. Luchan a brazo partido por convencernos de que sus adulados son la reinvención del rock o del pop, aún a sabiendas de que no lo son. De que tal o cual artista es el nuevo becerro de oro al cual hemos de idolatrar.
La verdad, no entiendo por qué cierta parte del periodismo musical disfruta de ser snob.
Así que no insistan conmigo. Estelares no me gusta. Y el programa de Capusotto me parece una mierda.



