viernes, 27 de noviembre de 2009

Lectura Recomendada


Acabo de terminar de leer El Perseguido. Se trata del libro donde Kurt Sonnefeld, ex cameraman de la FEMA (Agencia Federal para el Control de Emergencias), que estuvo en el Ground Zero desde el momento en que cayeron las Torres Gemelas, cuenta cómo algo que vio bajo los escombros le cambió la vida para siempre. De trabajar para el Gobierno a ser encarcelado, torturado y perseguido para esa verdad que vio y en teoría también filmó allí abajo, no saliera a la luz.

Sonnenfeld se convirtió en personaje importante (otro más) para quienes no creen (como yo) en la versión oficial de las causas y el modo en que se produjo el atentado al World Trade Center. Por otro lado, hay quienes lo tildan de fabulador, de seguir para trabajando para las agencias y de asesino. Calificaciones al margen, el libro es entretenido y transcurre en su mayor parte en Argentina (de hecho Sonnenfeld vive aún aquí), donde gracias a los oficios de la justicia nacional y de organizaciones de derechos humanos, el tipo zafò de que lo extraditaran a USA.

¿Creer o no? Como decía Fox Mulder, Yo quiero creer.

lunes, 23 de noviembre de 2009

¿De verdad pensaba Marcelo Araujo que contratando gente mayor y periodistas de segunda línea se podían hacer transmisiones de fútbol como la gente?

¿En serio?

¿De verdad?

domingo, 15 de noviembre de 2009

Las Viejas y Locas Costumbres que Renacen




En épocas de rock en algún punto domesticado, fue un hecho curioso y hasta raro. En algún punto me hizo retroceder casi unos veinte años cuando a fines de los ochenta, principios de los 90, ir a un concierto de rock era poco menos que una aventura que constaría de: quilombo en la puerta, malos tratos policiales, corridas y desmanes generalizados cuando la banda en cuestión empezara a tocar aún con gente fuera del estadio.

Voy a ser sincero: no extraño ni un poco eso. Nunca me pareció que fuera parte inherente de la rebeldía del rock&roll, ni de la adrenalina de ir a ver un concierto. Más bien lo creo, y creía, una muestra de lo que,en algún punto somos. De un lado y del otro.

Lo que volví a ver el Sábado a la noche en Vélez, se pareció mucho a aquellos primeros shows a los que fui cuando era adolescente. Una organización fallida, escasa presencia de seguridad, puertas custodiadas por barrabravas del club de turno y un montón de gente sin entrada que, cultura del aguante mediante, estaba decidida a entrar a como diera lugar. Porque así funciona el aguante. Si no tengo entrada, me cuelo. Y si no puedo, rompo todo. Y la cana que no hace distinciones de ningñun tipo y arremete contra todos. El que bardea y el que no, el que tiene su ticket y el que no.

Hoy nos desayunamos con que un pibe quedó tirado 15 horas abajo de la autopista, molido a golpes casi hasta la muerte. Son cosas que, a grandes rasgos, ya no pasaban y volvieron a pasar, porque no hay uno que piense cómo hacer bien las cosas.

Fue un quilombo generalizado, con gases, balas de goma, botellazos, piñas y barras echando a patadas en el culo a los intrusos que pretendían colarse por el hall del club. Pareciera que organizar un show de rock está volviendo a convertirse en un problema. Los choreos en el Pepsi son moneda corriente. Los desmanes y desprolijidades que se ven por fuera de la "organización oficial" también. Las mermas en los volúmenes parecen convertirse en norma.

Y se viene AC/DC. Sabemos que River va a estar rodeado de gente sin entrada. Ya pasó con los Stones la última vez; pasó el Sábado con Viejas Locas, ¿habrá alguien pensando para que no ocurra el 2-4 y 6 de Diciembre?

sábado, 7 de noviembre de 2009

Redescubriendo la Tierra Sagrada.

Desde hace unos días se me dio por revisar mi discoteca, que no es ni demasiado grande ni guarda demasiado orden. De hecho, creo que no guarda otro orden que tener los discos apilados. Ni siquiera están por género, mucho menos por orden alfabético. Di con algunos discos que hacía, sin exagerar, algunos años que no entraban en la compactera. Pertencen a mi etapa power metal. A mediados de los 90, con Iron Maiden casi fuera de combate gracias a los servicios del voluntarioso Blaze Bailey, decidí abrevar en otras aguas. Aguas en que las Doncella bien había influido (desterremos el término influenciado, por Dios).

Los alemanes parecían haber tomado la delantera con los señeros Helloween y una miríada de bandas que se acoplaron a los temas veloces, los coros épicos y toda la fanfarria de grandes riffs, solos pirotécnicos y temas arriba de los 6 minutos. Así di con Blind Guardian, banda que literalmente convirtió mi peluca en polvo y a quienes pude ver en Cemento. Esta semana re-escuché tres discos de la banda de Hansi Kursch: Battalions of Fear, y los imprescindibles Somewhere Far Beyond y Nightfall In Middle Earth, este último basado directamente en las creaciones de Tolkien. Oscuro y demoledor, un referente de lo más alto del género.

Pero de repente, aparecieron unos brasileros que no eran Sepultura. Carajo, ¿hay alguien más que haga metal a tanto nivel como los hermanos Cavalera? Pues sí, se llamaban Angra. Y hacían power metal. Entré con Angels Cry, un disco interesante que mostraba que Andre Matos, su cantante, tenía un registro casi lírico. Al poco tiempo, llegó su obra maestra: Holy Land. Diez canciones que abordan el concepto del descubrimiento de América y el choque de culturas. Esta semana lo volví a escuchar. Y me volvió a gustar, aunque no me pareció tan imponente como lo recordaba a nivel sonido. Pero en cuanto a la obra sí. Canciones épicas, interludios sutiles, una balada tremenda y letras con contenido hacen que todo el disco valga la pena. Si Sepultura conquistó el mundo con Roots, Angra hizo lo propio en Europa y Japón con Holy Land, que bien puede ser considerado el Roots del power metal.

Luego, las cosas se pusieron espesas. El power metal se dedicó cada vez más a orquestar la cosa y el género entró en un retroceso que me alejó un poco de él. Angra grabó un par de discos más con Matos y luego se separaron y ya les perdí el rumbo. Pero aún conservo aquellos discos de mediados de los 90, que me vuelven a sorprender como entonces. Tanto, que ahora voy a pirat...baj...copi...obtener los discos solistas de Andre Matos.

Nothing To Say - Angra - Disco: Holy Land.






miércoles, 4 de noviembre de 2009

No lo hagas...te dije que no lo hagas!!!

Que la boludez no tiene límite es una verdad sabida alrededor del mundo. Aún así, hay gente que sigue insistiendo...