
A propósito del anunciado regreso de Led Zeppelin, se me ocurrió pensar si queremos ver a estas grandes bandas de vuelta en vivo, o si preferimos el mundo ideal de los recuerdos. El primer deseo, fogoneado por la nostalgia, dice que sí, que claro, que cómo nos vamos a perder algo así, si somos boludos o qué.
Pero ha pasado que, (y el mundo del rock conoce la receta, más que ningún otro negocio, de cómo revivir finados) muchas veces los tan mentados regresos no son más que meras caricaturas de la foto que descansa en nuestras cabezas.
¿Seguirá siendo Robert Plant un semi dios rockero a pesar de sus 60 y tantos años? ¿Queremos verlo así? ¿Le perdonaremos el dolor de ya no ser por recordar con indulgente nostalgia sus días de gloria?
| Las dudas se acrecientan porque, a diferencia de bandas como los Rolling Stones o de Deep Purple, Led Zeppelin no envejeció como grupo sobre un escenario. Con interrupciones y parates, los Stones han estado en la ruta desde Steel Wheels para acá. Y algo parecido pasa con Ian Gillan. Hemos visto cómo se ponían grandes y nosotros acompañamos ese proceso. Pero con Zeppelin, cada miembro lo hizo por su parte, algunos tocando más y otros menos, y no tan expuestos como Jagger y sus amigotes. La imagen que tenemos de ellos es de cuando eran jóvenes, salvajes y peligrosos. Lo mismo pasa con The Police y con Genesis, aunque con estos últimos parece haber mejor suerte. Hasta el pobre Paul McCartney ha pagado con cuantiosas sumas de dignidad su continua exposición en los medios, culpa de una señora que le quiere sacar hasta las muelas. Mientras, Lennon, Morrison, Cobain, Hendrix y varios más siguen usufructuando los "beneficios" de una muerte joven*. Jamás los veremos viejos y decadentes. Y eso para el mundo del rock significa mucho. Quizás el retorno al escenario de Zeppelin los encuentre en gran forma y todos quedemos sorprendidos y con ganas de que hagan una gira mundial que los deposite por acá y salgamos corriendo a comprar entradas porque cómo me voy a perder a estos tipos. Después de todo, llevar 30 años en la ruta tampoco garantiza calidad. Y si no, pregúntenle a Charly García. Aquí abajo, Led Zeppelin en los años dorados. Rock and Roll, en vivo en el Festival de Knebworth, 1979.
 Curioso destino el del hincha argentino. Reconocido mundialmente por su entrega total en las tribunas, por sus cantos ocurrentes y, sí, a veces por su violencia desmedida, el tifoso nacional tiene un representante que hace su aparición en cada mundial que dispute un combinado con los colores celeste y blanco: Roberto Giordano. Como si fuese El Colé (el personaje colombiano que acompaña a su selección a todos lados), el inefable peluquero y conductor de desfiles pinamarenses y esteños, se las ingenia para aparecer en cuánta transmisión televisiva internacional haya, blandiendo la enseña que Belgrano nos legó. Pero no conforme con eso, ahora también es la cara del hincha argentino feliz en la página de la International Rugby Board, de donde salió la foto que ilustra esta nota. Ya me lo imagino a los gritos en la tribuna: "¡Qué noche, Nani Corletto, París, Los Pumas. la bolsa Scelzo, una belleza esótica...!" Mi Dios....
 Se cumplen 50 años de la primera edición de On The Road, grandísimo libro escrito por Jack Kerouac. Recuerdo haberlo leído mucho tiempo después que un profesor de la facultad me lo recomendara de manera casi conminatoria. Y coincidió con un momento de mi vida en la que viajaba mucho en bondi de una lado para otro. En el Camino me acompañó mientras yo hacía el mío. No sé por qué, pero en aquél momento (hace casi 10 años) estaba fascinado con los Doors. Y su música congeniaba a la perfección (aunque lejos estuviera de compartir la época en que fue escrito) con el texto, por lo menos en mi cabeza. Es uno de los libros indispensables de la llamada generación Beat, y Kerouac es intetgrante del triunvirato que la preside, compuesto por Allen Ginsberg y William Burroughs. Rodrigo Fresán escribió una nota muy buena al respecto en la edición de hoy de Página/12, y que pueden leer acá.
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